Un fama colgó un
anuncio para buscar compañero de piso. Nadie quería vivir con él porque era un
fama un poco raro.
Cierto día apareció
un cronopio solicitando el puesto, cosa que al fama le extrañó en gordo, éste
parecía responsable.
Cuando el cronopio
se instaló en la vivienda, formaron una gran fiesta a la que invitaron a sus
amigos famas, cronopios y esperanzas. Comieron y bailaron tregua, cátala y
espera hasta no poder más.
Las esperanzas
enfadadas por las danzas se marcharon, por todos es sabido que a ellas no le
gusta que bailen tregua y cátala.
La convivencia entre
los dos cada día era más dura. El fama, ordenado, pulcro y meticuloso, no
soportaba el desastre que causaba el cronopio con sus despreocupaciones, así
que lo puso a limpiar el hogar. Cuando se despistaba, su compañero se dedicaba a
hacer dibujos en las paredes con el limpia muebles, escrituras en los
cristales, a saltar y cantar en las camas….
Enfadado, decidió
echar al cronopio de la casa, pero él no se disgustó, pensó que así se
ahorraría el dinero del alquiler y se fue al monte a una casa abandonada en
buen estado donde pudo recibir a sus amigos cronopios y hacer cuantos dibujos
le apetecían.
Entre tanto, el fama
echaba de menos la bondad y la locura de su compañero.
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