miércoles, 4 de febrero de 2015

Patricia González Piqueras. La vida de un cronopio



Erase una vez, un joven desaliñado, con pelo pelirrojo rizado y despeinado, este joven se llamaba Erik y vivía con su compañero de trabajo, Felipe, un fama de los pies a la cabeza.
Era una convivencia de risa, Erik siempre andaba de un lado a otro dejándolo todo por medio, desordenado, sucio, sin limpiar etc. Felipe era un joven ordenado, que necesitaba tener su vida bien estructurada, siempre tenía que ir detrás de Erik, eso le ponía los pelos de escarpia y enseguida se enervaba, se cabreaba, porque no podía ser o al menos eso pensaba que con la edad que tenia Erik pudiese ser tan desordenado. A Erik no le importaba lo mas mínimo llevar la ropa limpia y planchada, el trabajo ordenado, ni siquiera le importaba comer a sus horas,  comía entre horas y comida basura.  No planeaba su día a día, vivía todo en su momento, en cambio Felipe lo tenía que tener todo controlado y planeado desde días, semanas o incluso meses.
Felipe por darle un consejo a su amigo y compañero Erik, que era un raspa, le preguntaba que si no se cansaba de llevar toda su vida en desorden, Erik le contestaba que él no se preocupaba por la cosas, que vivía el momento y no quería planificar nada, que él era más feliz porque vivía momentos sin esperarlos, de la otra manera ya sabía lo que iba a suceder porque estaba hecho a propósito, planeado o buscado, eso no le gustaba. Lo que a Erik le gustaba era la aventura, sin pensar en lo que pudiese pasar, a veces habrían momentos buenos y a veces malos pero que así era la vida, vivir cada momento tal y como sucedía sin preocuparse de nada. Felipe se quedó pensando y comprendió que podría ser que tuviera razón, pero que él no cambiaría su vida ordenada por ser un cronopio como su compañero, ya que era feliz tal y como vivía su vida, planeada. Comprendió que no eran todos iguales que él, que cada uno tenía su forma de ser y su carácter y que no podía hacer nada por cambiar a Erik ya que su compañero era feliz viviendo como un cronopio.


Patricia González Piqueras 

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