Un Fama quedó con su amigo Cronopio
para ir a la playa.
El Fama, muy metódico y previsor, consideró que lo más adecuado, era
coger la sombrilla, la crema solar, la radio, la silla plegagle, agua fresca y
un poquito de fruta por si tenía hambre.
El Cronopio, muy práctico, lo tenía más claro. Toalla no cogería
porque iba a estar en el agua, sombrilla no, porque quería tomar el sol, agua
no, porque hay demasiada en el mar, y fruta tampoco porque acababa de comer.
La cuestión, es que se fueron
a la playa.
El Fama, nada más llegar, puso la sombrilla , extendió la toalla ,
desplegó la silla y se untó de crema protectora.
Comenzó a dudar si debía bañarse,
o no. Pensaba que le podía dar un corte de digestión o incluso si se podía ahogar.
Su amigo Cronopio, en cuanto llegó… hala…¡Al agua patos, qué buena que está…!
Le insistía a su amigo Fama que por qué no se bañaba.
Se pasó horas y horas dentro
del agua. Después dejo secar su cuerpo permaneciendo de pie en la orilla.
Mientras tanto, el Fama no salía de la sombrilla por si se
quemaba con el sol. Con sus ciruelas, sus cerezas, y su botella de agua.
Allí estaban…
Uno en la orilla…otro en la
sombrilla, sin prácticamente dirigirse la palabra.
Al final, el Fama, haciéndole señales al Cronopio le indicaba que debían irse a
casa…
Así es como un Fama y un Cronopio pasan un día de playa
Toni
Rodríguez
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