miércoles, 25 de febrero de 2015

Jesús Martínez. Un día normal

Se levanta el fama a las ocho en punto, ni un minuto más, levanta a sus pequeños famas imprimiéndoles la prisa de la mañana, pues tienen que prepararse. Se asean, lavan los dientes, se visten y rápidamente desayunan. El cronopio le suena el despertador rin, rin, rin, pero lo apaga y se dice “cinco minutos más”, cuando se da cuenta han pasado veinte minutos, ahora vienen las prisas, levanta a sus pequeños cronopios y les dice “rápido, rápido que es tarde”, los viste con lo primero que pilla y se asean.
El fama después de llevar a sus famañiños al cole, regresa a su casa corriendo a realizar las tareas del hogar, no se deja nada fuera de sitio, todo bien limpio y ordenado. El cronopio al igual que el fama, lleva a sus cronopioñiños al cole y después no tiene ninguna prisa por volver a casa, una vez ha vuelto hace lo justo y necesario para que su día sea placentero y tranquilo.
El fama tiene que tener todo controlado y sin salirse del guión mientras que el cronopio va haciendo según surgen las cosas.


Jesús Martínez 

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